El trastorno bipolar no es un simple cambio de ánimo: la importancia de un diagnóstico oportuno que puede cambiar vidas

Ricardo recuerda que antes de los 25 años su vida era un vaivén emocional difícil de comprender. Podía pasar de momentos de energía intensa a periodos de profundo desánimo sin identificar qué ocurría. Hoy, a los 48 años, ha logrado estabilidad gracias al tratamiento especializado. Su historia refleja una realidad que aún suele confundirse con simples cambios de humor: el trastorno bipolar es una condición de salud mental compleja que requiere diagnóstico oportuno y acompañamiento profesional.

Como él, Jianli, comunicadora, actriz y profesora de idiomas, vivió durante años una dualidad silenciosa. Mientras su trayectoria mostraba logros y reconocimientos, su vida emocional atravesaba episodios que afectaban su bienestar. “Podía estar en el podio recibiendo aplausos, pero llegaba la noche y no paraba de llorar”, recuerda.

El trastorno bipolar se caracteriza por episodios de depresión y/o de euforia, conocidos como manía o hipomanía

Sus testimonios, a los que tuvo acceso este El Comercio, muestran que el trastorno bipolar, que se conmemora mundialmente cada 30 de marzo, no define a la persona, pero comprenderlo puede transformar su calidad de vida.

A menudo trivializado en el lenguaje cotidiano, el trastorno bipolar no se reduce a variaciones emocionales pasajeras. Se caracteriza por la alternancia de episodios de depresión y de euforia —conocidos clínicamente como manía o hipomanía— que pueden durar días o semanas y afectar significativamente la conducta, el pensamiento y la funcionalidad de la persona.

En conversación con El Comercio, María Carazas, psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” (INSM “HD-HN”) señala que “en general podemos decir que es trastorno bipolar cuando existe un conjunto de síntomas que producen una alteración en la funcionalidad de la persona, en su actividad diaria. No se trata de un momento de ira o de un día en que no pudo dormir, sino de cambios que afectan su comportamiento, su sueño, su apetito y su manera de relacionarse con los demás”, explica.

Dra. María Carazas Vera, psiquiatra del INSM “HD-HN”. (INSM)

Durante los episodios de euforia pueden presentarse un aumento progresivo de energía, menor necesidad de dormir, impulsividad o irritabilidad intensa. En algunos casos, estos estados pueden percibirse inicialmente como positivos, debido a la sensación de productividad o creatividad, pero pueden evolucionar hacia conductas de riesgo o desorganización.

En los episodios de manía puede haber mucha energía, pensamiento acelerado e impulsividad. En el polo depresivo ocurre lo contrario: tristeza profunda, aislamiento, desesperanza y dificultad para realizar actividades cotidianas, lo que genera un quiebre en el funcionamiento habitual de la persona”, señaló la especialista.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 40 millones de personas viven con esta condición a nivel global, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la detección temprana y el acceso a tratamiento especializado.

En Perú, se estima que el trastorno bipolar afecta aproximadamente entre 1% y 2% de la población. Especialistas han estimado que cientos de miles de personas podrían vivir con esta condición, muchas sin diagnóstico oportuno.

Según la Organización Mundial de la
Salud, más de 40 millones de personas viven con esta condición en el mundo. (INSM)

Para muchas personas, comprender el diagnóstico marca un antes y un después. En el caso de Ricardo, conocer su condición le permitió identificar factores desencadenantes y adoptar herramientas de regulación emocional. El tratamiento incluyó no solo medicación, sino también psicoeducación, seguimiento clínico y la incorporación de hábitos saludables.

Sin embargo, el diagnóstico no siempre es inmediato. “A nivel mundial se describe que el diagnóstico puede tardar entre cinco y siete años, porque el trastorno bipolar suele comenzar con episodios depresivos. Muchas veces la persona es tratada inicialmente como depresión hasta que aparece el episodio de manía, lo que retrasa identificar correctamente la condición”, indicó Carazas.

Roberto Álvarez, especialista en salud pública, agrega a El Comercio, que “el diagnóstico tardío puede generar consecuencias en la vida personal, familiar y laboral, desde dificultades en el desempeño cotidiano hasta rupturas en relaciones o pérdida de oportunidades profesionales”.

En ese sentido, ambos especialistas coinciden en que la detección temprana permite prevenir complicaciones, reducir hospitalizaciones y mejorar el pronóstico, especialmente cuando existe acompañamiento del entorno cercano.

El trastorno bipolar aún enfrenta múltiples prejuicios que pueden retrasar su diagnóstico y tratamiento
oportuno. (INSM)

Uno de los factores que dificulta reconocer la enfermedad es que algunos episodios iniciales pueden asociarse con momentos de mayor productividad.

En los episodios de hipomanía la persona puede sentirse más productiva, con más ideas, con menor necesidad de dormir, y puede incluso disfrutar ese estado. El riesgo es que en cualquier momento puede evolucionar hacia un episodio de manía más severo, donde aparece impulsividad, pérdida de contacto con la realidad o síntomas psicóticos”, apunta Carazas.

Este aparente bienestar puede retrasar la búsqueda de ayuda profesional, ya que la persona no percibe inicialmente la alteración en su funcionalidad.

El trastorno bipolar afecta a unos 60 millones de personas. (Foto: Reuters)

Los cambios en los hábitos de sueño, la alternancia marcada entre periodos de alta energía y desánimo profundo, o conductas inusuales pueden ser señales de alerta que el entorno familiar o social puede identificar antes que la propia persona.

Contar con información adecuada facilita reconocer estos signos y buscar ayuda profesional oportunamente. La comprensión y el acompañamiento durante el tratamiento contribuyen a reducir el impacto de los episodios y favorecen la estabilidad emocional”, indica Álvarez.

En ambos testimonios, el acceso a atención especializada permitió reorganizar la vida cotidiana y recuperar proyectos personales. Jianli destaca que aceptar la necesidad de ayuda fue el primer paso para retomar el control de su bienestar emocional.

A menudo confundido con simples cambios de ánimo, el trastorno bipolar es una condición de
salud mental compleja que afecta tanto las emociones como la conducta y que, sin atención
adecuada, impacta en la vida de quienes la experimentan.
(Foto: Getty)

Pese a los avances en información, el estigma sigue siendo una de las principales barreras para el diagnóstico y tratamiento oportuno. Persisten ideas erróneas como asociar el trastorno bipolar únicamente con cambios de humor, considerarlo un problema de carácter o creer que las personas que lo padecen no pueden desarrollar una vida estable.

El estigma de la familia, la sociedad o el trabajo retrasa que muchas personas busquen ayuda desde los primeros síntomas. Existe temor a ser discriminados o perder oportunidades laborales, por lo que muchas veces el diagnóstico se mantiene en silencio”, advirtió Carazas.

Expresiones cotidianas que utilizan el término “bipolar” como sinónimo de inestabilidad emocional contribuyen a trivializar la condición y pueden generar discriminación.

Los especialistas advierten que informarse a través de fuentes confiables y promover un lenguaje respetuoso son pasos fundamentales para reducir el estigma y facilitar el acceso a atención especializada.

transtorno bipolar

Las historias de Ricardo y Jianli muestran que es posible convivir con el trastorno bipolar y desarrollar proyectos personales, laborales y sociales. Con tratamiento adecuado y seguimiento profesional, muchas personas logran estabilidad emocional y mejor calidad de vida.

El primer paso es reconocer la enfermedad y adherirse al tratamiento. Esto incluye medicación estabilizadora del ánimo, psicoterapia, hábitos saludables y psicoeducación. El paciente debe ser protagonista de su proceso y aprender a identificar señales de desestabilización para prevenir recaídas”, explicó Carazas.

La familia también cumple un rol importante. Un entorno con menor estrés y mayor comprensión favorece la estabilidad emocional y reduce el riesgo de hospitalizaciones.

Ricardo ha incorporado el seguimiento médico como parte de su rutina y participa activamente en su comunidad. Jianli, por su parte, ha aprendido a reconocer la importancia del descanso, la alimentación y el acompañamiento terapéutico como parte de su bienestar integral.

El mensaje que dejan sus experiencias es claro: reconocer las señales, informarse y buscar ayuda profesional puede cambiar el rumbo de vida.


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